Como vimos en el artículo anterior (del 13 de agosto de 2020), el desarrollo sostenible y la sustentabilidad, por su ambigua definición en el Informe Brundtland, generan un abanico de interpretaciones.  Este artículo expone las diferentes perspectivas alrededor de la fuerza de la sustentabilidad y sus sujetos, un mapa de la sustentabilidad y sus corrientes, al igual que distintos enfoques políticos y sus actores, entre otros. Se presenta el vasto paisaje de los enfoques de la sustentabilidad y el desarrollo sostenible, al igual que sus distintas sociedades y ambientes.

Los sujetos de la sustentabilidad y su fuerza: Gallopín (2003) reúne diversas perspectivas sobre sustentabilidad y desarrollo sostenible. Reconoce tres sujetos de la sustentabilidad: 1) únicamente el sistema humano (procurando así  el crecimiento económico sobre la preservación ecológica, lo que es una forma de sustentabilidad «muy débil», en la que se considera al capital natural y económico como intercambiables entre sí); 2) el sistema ecológico (lo que plantea una de sustentabilidad  «muy fuerte», en la que es fundamental la conservación del ambiente ya que los recursos naturales no pueden ser reemplazados, incluso si esto es perjudicial para el crecimiento económico o el bienestar social), 3) el sistema socioecológico (justificado por la interrelación entre naturaleza y sociedad, requiere un nivel mínimo de distintos tipos de capital natural y económico al considerarlos insustituibles; este enfoque puede ser de sustentabilidad fuerte o débil, dependiendo del nivel hasta el que se considera vital la naturaleza o capital natural crítico). Además de esto, el autor reconoce más de diez enfoques con definiciones propias de desarrollo sostenible (Gallopín, 2003, pp. 25-26).

Un mapa de la sustentabilidad y sus corrientes: Hopwood et al. (2005) coinciden con Gallopín en que hay diferentes grados de fuerza de la sustentabilidad, pero además presenta un mapa de los enfoques de desarrollo sostenible: el eje horizontal es ambiental y va de lo «tecnocéntrico» a lo «ecocéntrico»; el eje vertical es socioeconómico y va desde la igualdad absoluta hasta una gran desigualdad (Hopwood et al., 2005, p. 4). A partir de estos ejes, caracterizan tres campos: 1) status quo (preferido en los gobiernos y empresas, enfatiza el crecimiento económico impulsado por el sector privado, a través de mayor información, inversión en mejoras tecnológicas y nuevos valores); 2) «reforma» (impulsada por sectores de la sociedad civil y académicos que buscan reformar el mercado y el gobierno promoviendo una mayor inversión en energía renovable y el desarrollo de una economía verde, al igual que mayor democratización); y 3) «transformación» (guiada por sectores que suelen ser anticapitalistas ―entre ellos, movimientos ecosocialistas, ecofeministas, ecoanarquistas y movimientos locales indígenas―, buscan un cambio radical al sistema socioeconómico y político para evitar una crisis y alcanzar una justicia social y ecológica) (Hopwood et al., 2005).

Tres enfoques políticos y sus actores. De manera similar, Breilh et al. (2010) citan a Frey (2001), quien también postula tres enfoques: 1) el económico-liberal (que considera suficiente a la autorregulación del mercado para un uso racional y un consumo responsable de los recursos naturales); 2) el ecológico-tecnocrático de planificación (que prioriza a la protección del medio ambiente a través del Estado desde dos corrientes: la “sociedad del estado estable” ―más jerárquica― o la del ecodesarrollo ―que armoniza múltiples intereses―); 3) el político de participación democrática que, ante la pérdida de capacidad del Estado y su desilusión con el mercado, considera a la sociedad civil como actor principal y buscan crear una democracia ecológica inclusiva (Frey, 2001).

Entre otros…: . Además de los anteriores, Ramírez Treviño et al. (2004) plantean el enfoque  intergeneracional (que procura heredar a las generaciones futuras los recursos presentes, sin fijarse en su situación actual ni en su distribución), el sectorial (en el que el aspecto ambiental complementa al económico y hay un reparto equitativo de los beneficios de la producción) y el de gestión (que propone nuevas políticas públicas concertadas con actores sociales colectivos sobre distintos tipos de capital).

Finalmente, Waas et al. (2011) concuerdan en que hay muchísimas interpretaciones en términos como «desarrollo sostenible» y «sustentabilidad». Esta diversidad surge de la lucha por su significado, dada su importancia para el futuro, al igual que por diferencias entre experiencias profesionales y disciplinas o comunidades. El problema es que las definiciones de algunos de estos grupos son dogmáticas o vagas, sin justificación racional o científica. Por ello, consideran necesario revisar los principios del desarrollo sostenible.

Conclusión: La sustentabilidad tiene un extremo débil (donde prima el crecimiento económico sobre la conservación ambiental y corresponde al enfoque económico/económico-liberal de desarrollo sostenible) y otro muy fuerte (que procura preservar a la naturaleza, sin tomar en cuenta los costos sociales y económicos, compatible con el desarrollo sostenible ecológico/ecológico-tecnocrático de planificación), todo según su sujeto y capital natural crítico. Una perspectiva más integral conjuga al ámbito socioeconómico y el ecológico en un mapa. En este, el status-quo se corresponde con la sustentabilidad débil o el enfoque económico-liberal. El enfoque ecológico-tecnocrático de planificación puede estar tanto en el campo de “reforma” (como ecodesarrollo) o en el de “transformación” (sociedad del estado estable). El enfoque político de participación democrática está definitivamente en el de “transformación”. Además, quedan  aparte de estas ubicaciones el enfoque  intergeneracional, sectorial y de gestión.

Entre las cuestiones abiertas, destacan dos: la que está pendiente desde el primer artículo: saber lo que pasó a nivel internacional a partir del Informe Brundtland en la práctica; y ahora, dilucidar los principios del desarrollo sostenible y la sustentabilidad.

Elaborado por: David Mesías, Licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Mejor Graduado de su facultad en la promoción 2020 por la Universidad De Las Américas (UDLA). Escribe artículos sobre desarrollo sostenible o sustentable para PULSE.

Referencias

Breilh, J., Carvalho de Miranda, A., Testa Tambellini, A., Benjamín, C., & Costa Moreira, J. (2010). La transición hacia un desarrollo sostenible y la soberanía humana. En Determinantes ambientales y sociales de la salud (pp. 17-31). Organización Panamericana de la Salud, OPS.
http://repositorio.uasb.edu.ec/bitstream/10644/3403/1/Breilh%2C%20J-CON-108-La%20transicion.pdf

Frey, K. (2001). A dimensão político-democrática nas teorias de desenvolvimento sustentável e suas implicações para a gestão local. Ambiente & Sociedade, 9, 115-148. https://doi.org/10.1590/S1414-753X2001000900007

Gallopín, G. C. (2003). Sostenibilidad y desarrollo sostenible: Un enfoque sistémico. CEPAL. https://repositorio.cepal.org//handle/11362/5763

Hopwood, B., Mellor, M., & O’Brien, G. (2005). Sustainable development: Mapping different approaches. Sustainable Development, 13(1), 38-52. https://doi.org/10.1002/sd.244

Ramírez Treviño, A., Sánchez Núñez, J. M., & García Camacho, A. (2004). El Desarrollo Sustentable: Interpretación y Análisis. Revista del Centro de Investigación. Universidad La Salle, 6(21), 55-59.

Waas, T., Hugé, J., Verbruggen, A., & Wright, T. (2011). Sustainable Development: A Bird’s Eye View. Sustainability, 3, 1637-1661. https://doi.org/10.3390/su3101637

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